Hasta luego, Señor Bradbury

Ray Bradbury nos deja, y el siglo XXI se hace un poco más feo.

Ayer saltaba la triste noticia: Ray Bradbury fallecía a los 91 años. La causa: un cáncer de páncreas contra el que llevaba tiempo peleando. Para todos aquellos que nos consideramos amantes del género fantástico o de ciencia-ficción en la literatura, la muerte del escritor norteamericano es un momento bastante triste, pues es una de nuestras mayores influencias en cuanto a lo que nuestras “visiones del futuro” se han descrito en negro sobre blanco.

Autor de libros tan conocidos como “Crónicas Marcianas” o “Carnaval Negro”, este caballero, que se educó a sí mismo en el arte de escribir tomando como referencias a grandes de la literatura como Shakespeare o Welles, nos dejó para la eternidad la que sin duda es tanto su mayor obra, como un texto imprescindible para cualquier persona que ame la literatura aunque su género favorito no sea la Sci-Fi: “Farenheit 451”. En ella se nos describe un futuro (quizá no tan lejano hoy por hoy) en el que el gobierno mantiene a la población alejada de los libros, y estos son perseguidos y hechos arder por brigadas de “bomberos” cuya misión no es la de apagar fuegos, precisamente (451 grados Farenheit es la temperatura a la que arde el papel).

Con Bradbury, se nos marcha uno de los autores más importantes de la literatura de los últimos cincuenta años en general, y del género fantástico y de ciencia-ficción en particular. Un visionario que exploró en “El Hombre Ilustrado” la relación entre el ser humano, su psique, y la tecnología de un modo que merece la pena conocer (algo que se ha vuelto a abordar recientemente en la excelente miniserie “Black Mirror”, de la que hablaré en cuanto acabe el segundo visionado y cuyo trailer os dejo aquí), y uno de los máximos responsables (junto con Heinlein, Clarke y Verne) de que el género fantástico me sea tan querido.

Así que, señor Bradbury, muchas gracias por tantísimos buenos ratos, y descanse. Ganado lo tiene.

Hasta luego.