EL TRÍPTICO DE ASCLEPIA: Imprescindible Trilogía

Asclepia

X-MEN nazis vs. Fuerzas sobrenaturales aliadas…¡FIGHT!

Reconozco que cuando vi por primera vez “Semillas Amargas” (primer tomo de esta historia en tres partes de la que os vengo a hablar hoy) en la estantería de un Media Markt (que hace tiempo se metió a vender libros también, en un movimiento extraño que no acabo de entender), lo miré con cierto desdén. Una portada mierder, y lo más “antierótico” que mis ojos pueden encontrar en la portada de un libro: un escritor de éxito (G.R.R. Martin en este caso) diciendo “Ian Tregillis es un escritor de gran talento” o algo muy similar. Mal rollo, yuyu, cacadevaca…estas y otras cosillas igual de agradables se me pasaron por la cabeza al mirarlo. El caso es que, con el tiempo, e ir encontrándomelo por diversas tiendas, al final me decidí a leerlo. Y sí, amigos míos, esta es una de esas historias de “no juzgues a un libro por su portada”. El tríptico de Asclepia es, si no una obra maestra de la ciencia-ficción, al menos una obra lo suficientemente fresca y bien contada para haceros pasar ratos muy entretenidos y disfrutar un poco de la “lectura ligera”. Pongámonos en situación, y preparaos por un viaje alternativo por la Segunda Guerra Mundial, que empieza muy cerquita, en Tarragona. 1939, en plena Guerra Civil española…

Allí nos encontramos a Raybould Marsh, agente de la inteligencia británica, desplazado a España para contactar con un técnico cinematográfico alemán dispuesto a desertar y compartir secretos del régimen nazi. El encuentro entre ambos se trunca cuando, de modo misterioso y en mitad de la conversación, el desertor arde en llamas y con él, la cafetería designada para el encuentro. Marsh escapará por los pelos, chamuscado y con los restos algo carbonizados de una película rodada en una granja cercana en la que pueden observarse a adolescentes realizando acciones sobrehumanas, cada uno en una especialidad: invisibilidad, fuerza sobrehumana, levitación, telequinesis…en fin toda una suerte de X-Men incorporados a las filas del ejercito del Tercer Reich. Y por supuesto, con su propio Charles Xavier, en este caso mucho menos amable y bastante más trastornado: el doctor Karl-Heinrich von Vestarp, eminente científico alemán dedicado a comprar niños cuyas familias no pueden mantener y someterlos a terribles experimentos para potenciar su “willenskraft” (su fuerza de voluntad) y llevarlos mas allá de las capacidades humanas. En su huída hacia Londres para revelar esta información, Raybould topará con una joven a la que reconoce de la película y cuya capacidad influirá definitivamente en su vida, y en el desarrollo del avance nazi sobre Europa. Se llama Gretel, y es capaz de predecir el futuro. Ante el descubrimiento de este poderoso enemigo entre las filas de Hitler, el gobierno británico se lanza a la búsqueda de contramedidas, y las encuentra a través de William Beauclerk, hijo de un noble linaje (o más bien, dos, como no tardaremos en averiguar) inglés,  y viejo amigo del agente Marsh. El bueno de Will es uno de los contados humanos que han sido formados en el trato con los eidolones, dioses arcanos residentes en los pliegues del continuo espacio-tiempo, que son capaces de realizar tareas inalcanzables para los humanos (modificación del clima a voluntad, destrucción de , a un módico precio. Su sangre…

Y así comienza un apasionante relato de aventuras, espionaje, ciencia-ficción y cortes fantásticos que nos llevará, como si de una montaña rusa se tratase, por una versión alternativa de la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría, y…bueno, eso es mejor que lo averiguéis vosotros mismos. Os adelanto que merece la pena. En una época en la que las pantallas de cine se llenan de trilogías literarias ligeras, el Triptico de Asclepia sería de las pocas que me animaría a pagar por ver en una sala de cine. La obra del debutante Ian Tregillis es de lo mejor que este que os escribe ha leído en el género sci-fantástico en mucho mucho tiempo, una obra muy redonda que destaca por unos personajes perfectamente dibujados y con los que es imposible no conectar, sean del bando que sean (os sorprenderéis teniendo piedad de cierto asesino nazi), y una historia que entrelaza realidad y ficción en un marco tan conocido para todos como lo es la segunda gran guerra.

Lo que dota a los tres libros (“Semillas Amargas”, “La guerra más fría”, “Un mal necesario”) de esa potencia que me hizo leerlos en poco más de una semana es que aunque la historia nos muestra un escenario de literatura fantástica tirando a clásico con esos Übermensch (“superhéroes”) del ejercito alemán y los brujos desplegados por el ejercito británico, la historia no se limita a un “todos contra todos” espectacular con brujos lanzando rayos por las manos con muchos fuegos artificiales. No, tanto un bando como el otro se mueven en un entorno muy realista en el que los brujos tienen acceso a un potencial “mágico” ilimitado, el poder de unos dioses arcanos mas viejos que el Universo, pero al que no pueden acceder libremente: cada poder desatado, cuesta sangre. Poca al principio, y bastante más según avanza la guerra. Y no quiero entrar en mas detalles. Por su lado, los superhumanos del Reich tienen una limitación más clara: a resultas de los experimentos de Von Vestarp, pueden desarrollar poderes extraordinarios pero limitados por algo mucho más mundano: una batería que alimente los toscos circuitos electrónicos implantados bajo su piel. Como véis, gran potencial, pero limitado y con un equilibrio de fuerzas muy conseguido, que hará que ambas facciones se vean abocadas al uso de tácticas de guerrilla, subterfugios y acciones de espionaje, al estilo de cualquier novela de Le Carré. Y como en toda guerra, con una línea muy delgada separando los actos heroicos de las villanías y las atrocidades, que antes o después todos habrán de cometer porque eso son las guerras, atroces. Y en este entorno, se nos muestra a unos protagonistas nada arquetípicos, llenos de claroscuros y que se desenvuelven como pueden en una situación que los supera y para que muchos de ellos no pueden elegir. Sí, durante casi todo su recorrido, asistimos a una oscura historia de espías que recurre a los elementos fantásticos en su justa medida, del mismo modo que en Canción de Hielo y Fuego (“Juego de Tronos” para los no iniciados), donde ganan peso a medida que avanza la historia, pero que no son su elemento más destacado, lo que evita que haya un final explicado “mágicamente”. Todo queda atado y bien atado. Una historia donde cada personaje cuenta, y en la que hasta los secundarios os engancharán porque todos están ahí para algo. No está nada mal para un escritor novato, ¿verdad?. El caso es que no lo es tanto, porque el señor Tregillis ha sido colaborador del mismísmo George R. R. Martin en la serie Wild Cards, una MARAVILLOSÉRRIMA iniciativa literaria del género fantástico de la que un día tenemos que hablar y de la que tenéis que poneros a aprender YA MISMO. Echad un vistazo al link si queréis saber de que va, y que hace “el gordo de Juego de Tronos” metido en ella.

Si esto que os he contado hasta ahora no os convence, simplemente añadiré que lo explicado hasta aquí apenas llega a la mitad del primer libro y que si estáis esperando una novela aburrida de espías, olvidadlo. En ningún momento se hace pesada, y hay escenas “de acción” perfectamente narradas, emocionantes, esparcidas por los tres volúmenes. Y ni siquiera he hablando de Gretel y la extraña relación que mantiene con Marsh y el resto de los sobrehumanos de Von Vestarp, de su hermano y protector, ni de el camino que Raybould Marsh tendrá que recorrer, a oscuras casi todo el tiempo, para intentar hacer el bien, su versión del bien, cuyas implicaciones van mas allá de lo imaginable. Lo sufriréis en vuestras carnes. Una montaña rusa (a veces literalmente. Montaña. Rusa) que os atrapará y no os soltará hasta que leáis la última palabra del epílogo. Después, podréis respirar normalmente otra vez…

Os dejo unos links de lugares en los que podéis acceder (legalmente) a las tres partes de esta pequeña delicia sci-fi. Cuando os la acabéis, no olvidéis darme las gracias en los comentarios, Twitter, o en persona, si es que me reconocéis por la calle…

De nada, majetes…

Semillas AmargasLa Guerra Más FríaUn Mal Necesario

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